The Revenant | Intensidad primaria

En The Revenant, Alejandro González Iñárritu vuelve hacer uso de su genuino radicalismo cinematográfico para contar una historia tan lineal e inerte, como grandiosa en su concepción técnica.

El director mexicano no sabe hacer nada con mesura y esto beneficia todos los apartados técnicos de la película; exponencialmente a su edición de sonido, sus efectos visuales y a su excelente fotografía a cargo de Emmanuel Lubezki, que podría alzarse con su tercer premio de la Academia de manera consecutiva (tras los conseguidos por sus trabajos en Gravity y Birdman)

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Otro beneficiado de la desmesura de Iñárritu ha sido Leonardo DiCaprio, que ha puesto al servicio de la historia sus instintos más primarios como artista. La actuación de DiCaprio es sencillamente sublime; no tanto por sus elementos racionales ni porque haya preparado en exceso el papel -como admite el propio actor californiano en su entrevista con ICON- sino por una capacidad innata para desgranar ante la cámara algunos de los instintos atávicos más comunes del ser humano: la supervivencia y el deseo de venganza.

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Pero la historia, contada de manera lineal y con una fuerza bruta excesiva, en ningún momento cala en el corazón del espectador, que se deja llevar más por la grandilocuencia técnica de la cinta que por la propia historia. Una opinión que, en palabras del crítico cinematográfico Carlos Boyero, suena así: “Durante su muy largo metraje estoy exclusivamente concentrado en la belleza de las imágenes (…) Pero ante lo que me cuentan asisto sin frío ni calor, no siento la terrible odisea del protagonista”.

A pesar de esta determinante tara que descarta a The Revenant como una de mis películas favoritas de la década, la calidad cinematográfica y artística del filme son innegables y demuestran que Alejandro G Iñárritu es uno de los directores más relevantes del siglo XXI.

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Como muchos otros genios a lo largo de la historia del cine, el director mexicano tiene algo que lo hace único: y es esa capacidad suya para imprimir intensidad infinita a todos los relatos que lleva a la gran pantalla. Esta genuina intensidad cuenta con innumerables seguidores y también detractores, pero lo cierto es que mezclada con los alardes técnicos, puestos en uso de manera impecable en cada una de sus películas, hacen que la obra de Iñárritu sea, a día de hoy, una cita ineludible para los amantes del séptimo arte.

Y nadie lo ha expresado mejor que el crítico Luis Martínez: “El resultado se presenta tan irregular y excesivo como irrenunciable: un ejercicio de cine radical al que es difícil negarle la virtud de la conmoción”.

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The Revenant invoca a los instintos primarios, no al intelecto, y, a pesar de ello, es una obra cinematográfica salvaje y mayúscula.

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